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La Biblia habla de la destrucción de Siria

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El capítulo 17 es un mensaje de condenación o de fatalidad concerniente a Damasco. Damasco y el reino septentrional de Israel serían conquistados y esparcidos por Asiria, y ambos perderían sus identidades como naciones. Israel sería dispersada porque había olvidado a Dios; sin embargo, debido a las promesas que se hicieron a Israel, las naciones que traerían su ruina serían destruidas.

El versículo 1 comienza con una declaración de propósito: “Profecía sobre Damasco: He aquí que Damasco ha dejado de ser ciudad y será montón de ruina”. Esta declaración predice la destrucción de la nación de Siria, no solamente de su capital, Damasco.

El versículo 2 describe ciudades en Efraín, o el reino septentrional de Israel, que serían destruidas al mismo tiempo que Damasco: “Las ciudades de Aroer están desamparadas; serán para los rebaños, y se echarán allí y no habrá quien los espante”. Las ciudades de Aroer estaban situadas en el reino de Israel, al borde del río Arnón,[1] el cual formaba la frontera con Moab al este del Mar Muerto.[2] Después de su destrucción, las ciudades de Aroer serían útiles solamente como lugares de refugio para los rebaños de ovejas. La destrucción del reinado de Efraín resultó en la cautividad de las diez tribus que comprendieron ese reino.[3]

El versículo 3 continúa la descripción de la caída de Efraín y Siria: “Y cesará la fortaleza de Efraín, y el reino de Damasco y lo que quede de Siria; serán como la gloria de los hijos de Israel, dice Jehová de los ejércitos”. Los gobiernos de Efraín y Damasco serían destruidos, que pronto serían conquistados por Asiria. El remanente de Efraín y Siria que “serán como la gloria de los hijos de Israel” significa que Siria e Israel quedarían debilitadas en circunstancias comparables. Damasco ya no sería un lugar poderoso al que Efraín pudiera huir a protegerse.

El versículo 4 describe con más detalle la devastación que acontecería al reino de Israel: “Y acontecerá que en aquel día la gloria de Jacob menguará, y se enflaquecerá la gordura de su carne”. “La gloria” como se usa aquí y en el versículo 3 significa la fuerza militar, que desaparecería en ambos países a causa de la destrucción.[4] “La gordura de su carne” es otra descripción de la fuerza militar.

El versículo 5 compara la obra de destrucción por los asirios a un segador que cosecha un campo de grano: “Y será como cuando el segador recoge la mies y con su brazo siega las espigas; será también como el que recoge espigas en el valle de Refaim”. El valle de Refaim, célebre por sus cosechas abundantes, estaba situado al suroeste de Jerusalén;[5]fue nombrado por una nación pre-Israelita que habitaba el área que fue distinguida por su estatura alta.[6]

En el versículo 6, los escasos sobrevivientes en Efraín y Damasco se comparan primero con “uvas espigadas” que se dejaron en una viña, y luego con las pocas aceitunas que quedan en un árbol después de la cosecha: “Y quedarán en él [en un árbol, o sea, la tierra] rebuscos, como cuando sacuden el olivo; dos o tres aceitunas en la rama más alta, cuatro o cinco en sus ramas más fructíferas, dice Jehová, el Dios de Israel”.[7][8]

La comparación de Israel con un olivo sugiere que Isaías pudo haber conocido las escrituras del profeta Zenós. Las escrituras de Zenós se incluyeron en las planchas de bronce, tal como las de Isaías, las cuales estaban en posesión de los nefitas. Jacob, el hermano de  Nefi, cita la alegoría del olivo de las escrituras de Zenós.[9] El apóstol Pablo también podría haber conocido la alegoría de Zenós del olivo,[10] aunque lamentablemente estas escrituras se encuentran perdidas de los textos bíblicos del presente.

Después de la destrucción, los sobrevivientes en su sufrimiento comenzarían a arrepentirse como  se describe en los versículos 7 y 8. El versículo 7 comienza: “En aquel día mirará el hombre a su Hacedor, y sus ojos contemplarán al Santo de Israel”. El arrepentimiento y las bendiciones frecuentemente siguen a la catástrofe.

En el versículo 8, el que sobreviva abandonaría su idolatría: “Y no mirará a los altares, obra de sus manos, ni verá lo que hicieron sus dedos, ni las imágenes de Asera ni los altares de incienso”. “Asera” se refiere a una forma de idolatría caracterizada por el sexo ilícito ceremonial;[11] “imágenes” significa los ídolos y su adoración. La palabra hebreaAsherah significa “árbol o palo santo”; Asera fue el nombre de la diosa cananea de la fortuna o suerte, y era la esposa o consorte de Baal.[12]

El versículo 9 menciona nuevamente la metáfora de la cosecha del olivo del versículo 6: “En aquel día, sus ciudades fortificadas serán como lugares abandonados en el bosque, o como la rama más alta que fue abandonada delante de los hijos de Israel; y habrá desolación”. Estos pocos sobrevivientes serían abandonados por los asirios por causa de las promesas del Señor a los hijos de Israel. A causa de que los sobrevivientes son pocos—como las aceitunas en una rama descuidada por los segadores—los hombres se vuelven al Señor para fortalecerse. Por causa de la destrucción, los sobrevivientes se arrepentirían y abandonarían su idolatría.[13]

Los versículos 10 y 11 hacen recordar al Israel caído de su apostasía. El versículo 10 explica: “Porque te olvidaste del Dios de tu salvación y no te acordaste de la roca de tu fortaleza; por tanto, plantarás plantas hermosas y sembrarás sarmiento extraño”. El olvidar al Señor conduciría a la apostasía, la idolatría, la destrucción y la cautividad predichas de Israel. “Plantas hermosas” y “sarmiento extraño” se refieren a la práctica idólatra del sexo ilícito. Los jardines fueron plantados con variedades de plantas exóticas traídas de Babilonia y mantenidos para proporcionar un escenario agradable para sus practicas idólatras.

El versículo 11 continúa: “El día en que las plantes, las cercarás con cuidado y por la mañana harás que su semilla brote; pero la cosecha será un montón en el día de la angustia y del dolor desesperado”. La única cosecha que se obtiene de la idolatría representada por el cultivo de las  “plantas hermosas” y “sarmiento extraño” es el pesar.

Los versículos 12 al 14 son un oráculo de angustia, que atestigua que las naciones que traigan ruina sobre Israel serán destruidas. El versículo 12 comienza: ¡Ay!, multitud de muchos pueblos que harán ruido como estruendo del mar, y el bramido de pueblos que braman como el bramido de muchas aguas” El murmullo de muchas aguas es una metáfora que significa el imperio de Asiria, el cual consistió de muchas naciones.[14]

El versículo 13 continúa: “Los pueblos harán estrépito como ruido de muchas aguas; pero Dios los reprenderá, y huirán lejos; serán ahuyentados como el tamo de los montes delante del viento y como el polvo delante del torbellino”. A pesar de su poder inmenso, las naciones que comprendían el imperio asirio serían destruidas por la mano del Señor—y sería reducido a la insignificancia, como el “tamo de los montes”. Es de notar que “montes” significa “naciones”.[15]

El versículo 14 resume: “Al tiempo de la tarde, he aquí terror, pero antes de la mañana ya no existen. Ésta es la parte de los que nos despojan, y la suerte de los que nos saquean”. Aunque Israel iba a ser dispersada porque olvidó a Dios, las naciones que trajeran su ruina serían destruidas.

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