Los peligros que encierra la celebración del halloween

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Nuestra sociedad se encuentra permeada por múltiples prácticas, una de ellas el Hallowen o fiesta de brujas. Con ese nombre se inició en Estados Unidos en 1845.
La designación original era “All Hallow´s Day” y pronto se acostumbró designarlo como “All Hallowén” hasta el nombre actual. Una fuerte corriente de cristianos auténticos en Europa, se expresaron abiertamente contra dicha práctica.
Pero, ¿es moderna esta festividad? En absoluto. Era común entre los antiguos celtas (bretones, galos, escoceses e irlandeses). Ocurría el fin del verano el día 31 de octubre que, a su vez, marcaba el inicio del Año Nuevo Céltico.
Se ofrecían sacrificios a Samhain o Saman (que significa “Señor del cielo y de la tierra”). En su honor realizaban una vigilia. La imagen que lo representaba era un esqueleto sosteniendo una hoz o guadaña, que más tarde sería conocida como la muerte.
Como se creía que su dios se reunía con los muertos, los sacerdotes dirigían a las comunidades a celebrar ceremonias diabólicas en las que se incineraban caballos, ovejas, vacas negras, bueyes y seres humanos como una supuesta garantía de protección para sus vidas. De lo contrario, serían víctimas de los espíritus malignos.
Se legitima la celebración
En un intento de cristianizar este día de adoración, el catolicismo romano trasladó el Día de todos los santos en el año 800 d.C. que tenía ocurrencia en el mes de mayo para oficializarlo el 1 de noviembre.
Hoy día y como fruto del mercantilismo, la Noche de Brujas se ha vuelto tradicional en muchos países— con mayor fuerza centro y sur América— y se mezcla con rituales propios de cada localidad.
En Norteamérica su fuerza radica en que no solo es fiesta para niños sino para adultos. En particular éstos últimos se disfrazan, en muchas fiestas privadas, y dejan que maldad fluya en sus cuerpos y su mente, estimulados por el alcohol, drogas y bailes sensuales.
¿Por qué los disfraces?
Se trata de una emulación a las druidas que encendían una enorme fogata alrededor de la cual danzaban con disfraces. Sacrificaban toda suerte de especies, animales y seres humanos.
Poseídos por los demonios practicaban la adivinación, saltaban sobre llamas, bailaban y cantaban, en el supuesto propósito de ahuyentar a los malos espíritus.
Los druidas recorrían en Irlanda los hogares, disfrazados, para colectar ofrendas con destino a Satanás. Le vaticinaban buena suerte a quienes les colaboraran. De lo contrario, les anunciaban maldiciones.
Una práctica común es el ritual de “bajando la luna” en el cual y bajo el convencimiento de quienes participan, la bruja principal de la convención se convierte en un canal para la diosa luna.
Los peligros que encierra hoy
Los satanistas establecieron el 31 de octubre como la noche de “Todos los demonios”. Realizan ceremonias diabólicas mediante hechizos y conjuros buscando que Satanás sea exaltado.
Se trata de una fuerza oculta que motiva a millares de personas a adornar oficinas, viviendas, establecimientos de negocio y autos— incluso— con símbolos alusivos a calaveras, demonios, brujas, lápidas y murciélagos.
A los niños los perjudica enormemente porque a través de los símbolos y disfraces que identifican al Hallowen, se les brinda una visión amplia de un mundo donde se glorifica a la violencia, la muerte, la mutilación y la sangre.
En todos los países el 31 de octubre es una fecha en la que se registra una creciente desaparición de niños e incluso — ¿ha meditado ya en esto?— mueren muchos infantes por aparentes problemas digestivos e incluso, ahogamiento con golosinas. ¿Es acaso normal que esto ocurra? Sin duda que no.
¿Por qué los cristianos no participan del Hallowen?
Los cristianos comprendemos que el Hallowen o Día de las Brujitas es una celebración de trasfondo pagano que antes que concebirse para honrar y glorificar a Dios, tuvo origen en prácticas ofensivas a Su santidad.
Al respecto el apóstol Pablo escribió: “Traten de aprender qué es lo que agrada al Señor. No participen de los actos sin fruto que se hacen en la oscuridad, más bien desenmascárenlos.” (Efesios 5:1º, 11. La Biblia, la Palabra de Dios para todos).
Muchos niños son atraídos con este tipo de celebraciones a juegos ocultistas, y seducidos por lo oculto por el aparente poder que ofrece. Lo aprecian como un juego sin darse cuenta de la terrible verdad que encierran esas actividades.
¿Y qué si somos invitados a una fiesta de Hallowen de niños o de adultos? No hay duda que las invitaciones pueden llegar, pero la decisión está en sus manos. Si desea participar, encontrará todos los pretextos y atenuantes que desee. Si no desea ir, seguramente hallará en la Biblia sinnúmero de argumentos en su propósito de No ser desleales al Señor Todopoderoso.
No obstante no queremos presionarlo a decir no. Simplemente y como es nuestro compromiso, le mostramos qué dicen las Escrituras. La determinación final es suya.
Recuerde lo que Dios dijo a su pueblo: ”Cuando entres a la tierra que el SEÑOR tu Dios te da, no imiten las costumbres perversas de esas naciones. No permitas que nadie practique la adivinación ni que busque señales para decir lo que sucederá en el futuro. No permitas que nadie practique la hechicería, ni trate de hacerle brujerías a la gente, y no permitas que nadie consulte a fantasmas o espíritus, ni que sea espiritista. Todos los que practican eso son abominables al SEÑOR. Tienes que ser totalmente fiel al SEÑOR tu Dios.” (Deuteronomio 18:9-13. La Biblia, la Palabra de Dios para todos).
¿Hacer partícipes a nuestros hijos de la maldad?
Satanás es muy hábil y está utilizando este tipo de seudo-celebraciones para atraer por igual a adultos y niños. Este último segmento poblacional es su preferido porque generalmente los infantes no se cuestionan nada. Todo lo aceptan con la fuerza de algo que puede ser verdad. Y Él genera de esta manera engaño.
Si vestimos a nuestros hijos de brujitas o de los superhéroes que promueve la televisión, no estamos haciendo otra cosa que identificándonos con la mundanalidad.
Sobre este punto el apóstol Pablo escribió: “No te dejes vencer por el mal, sino derrota el mal con el bien.” (Romanos 12:21, La Palabra de Dios para todos).
Puede que a muchas personas les parezca inocuo disfrazar a sus pequeñines, pero en respuesta a este razonamiento rápido e irreflexivo es, ¿su acción a quién glorifica, al hombre o a Dios?
Recuerde que los cristianos antes que comulgar con el diablo y sus múltiples estratagemas, fuimos llamados a rechazarlo con fuerza y poder: “Así que, entréguense a Dios, resistan al diablo y el diablo huirá de ustedes.” (Santiago 4:7. La Palabra de Dios para todos).
Y, ¿qué de una fiesta para niños en el templo?
Es comprensible que sus hijos no alcanzan a dimensionar la carga de maldad que hay tras el Hallowen. Entonces, ¿hay alguna opción? Sin duda que sí. Puede ser una reunión para niños en el templo, a la misma hora, en la que usted les explique que no participan en el Día de las Brujitas porque es algo del diablo y ofende a Dios.
Puede compartirles golosinas a los chicos, pero algo más: prémielos con un pequeño regalo— en las librerías cristianas puede conseguirlos a buen precio— por haberse quedado en casa de papito Dios antes que ser parte con los demás niños de disfraces de brujas y demonios.
Es necesario ir sembrando en ellos esas enseñanzas prácticas. ¡Asuma esa tarea desde hoy!
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