Casi 300 niños por mes se intoxican con medicamentos y uno con marihuana

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Sofía es una niña sana de ocho años, pero un día de marzo de 2017 le costó caminar, no sabía dónde estaba y sus músculos tenían poca fuerza. Sus padres no entendían qué le pasaba, por lo que la llevaron a la emergencia del Pereira Rossell. Los médicos notaron que tenía “tendencia al sueño” y le hicieron un análisis de orina, que dio positivo a marihuana. Entonces empezaron las entrevistas para averiguar dónde había consumido y de qué manera, hasta que su hermano de 22 años reconoció que había cocinado una torta de chocolate con “cogollos” (flores de cannabis). Sofía encontró el bizcochuelo en la cocina y lo probó, porque nunca se imaginó que había sido preparado con droga.

En la emergencia le hicieron un lavado de estómago, que reveló “material achocolatado”. Pero sus ojos seguían rojos y sus pupilas estaban dilatadas, dos síntomas característicos de la ingesta de marihuana. La niña estuvo bajo los efectos de la droga más de 12 horas y tuvo que ser internada en la unidad de cuidados moderados del hospital. Cuando volvió a su casa, los médicos les pidieron a los padres que la llevaran a una policlínica a los 15 días. Entonces el análisis de orina dio negativo ya que no quedaban restos de cannabis en su cuerpo, por lo que recibió el alta toxicológica.

Sofía no es un caso aislado. Todos los meses llegan alrededor de 400 consultas a la emergencia del Pereira Rossell por intoxicaciones. Natalia Cristoforone, directora del hospital pediátrico, explica que solo el 10% de estos pacientes debe ser internado. Los demás son atendidos por médicos en el momento y luego reciben seguimiento ambulatorio. Y si bien el consumo de drogas de abuso —sobre todo de cocaína y marihuana— existe, los que más preocupa a los pediatras son los fármacos. De hecho, a 25 niños por mes se les indica la internación luego de haberse intoxicado con medicamentos.

Pero el número aumenta si se tienen en cuenta todos los centros del país. Entonces se ve que al menos 3.500 pacientes en edad pediátrica —de cero a 15 años— consultaron en 2017 luego de haber consumido fármacos, lo que representa 291 casos por mes. Las benzodiacepinas (sedantes) son las más comunes, a las que les siguen los anticonvulsionantes y los antihipertensivos. Y sobre este punto hay que hacer una diferenciación: los dos grupos que más medicamentos toman son los niños menores de cuatro años y los adolescentes de entre 13 y 15. Los primeros consumen de forma accidental, pero los segundos lo hacen con el objetivo de suicidarse. El 80% de las intoxicaciones con fármacos en el Pereira Rossell son intentos de autoeliminación en menores de 15 años. Las cifras provienen del Centro de Información y Asesoramiento Toxicológico (CIAT).

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Los padres y otros adultos deben tener un cuidado especial para proteger a los niños de las intoxicaciones

“Terminan haciendo una mezcla grande. Porque los medicamentos que los niños puedan tener indicados terminan interactuando con los que ellos consumen de forma intencional. Es importante trabajar en la prevención: no puede haber fármacos al alcance de los niños y los adolescentes”, insiste Cristoforone.

En el Pereira Rossell no hubo muertes por intoxicaciones en 2018. Sin embargo, su directora reconoce que los suicidios no llegan al centro de salud, por lo que no tienen claro de qué manera incidió la ingesta excesiva de medicamentos en la estadística de fallecimientos. En la primera infancia, cuando los niños se llevan a la boca lo que tienen a mano, todos fueron salvados por los médicos el año pasado. Cristoforone explica que estos casos son particularmente peligrosos, porque muchos fármacos para adultos generan “una alta toxicidad” en los chiquitos debido a su peso y estatura.

Otro desafío para los médicos es si la droga es conocida o no. Por lo general, en los niños que toman medicamentos de forma involuntaria se sabe qué consumieron, ya que son los mismos con los que se medican los adultos de la casa. La culpa que sienten los padres, dice la directora del Pereira Rossell, es tremenda. Sin embargo, en los intentos de suicidio suelen ser mezclas —de psicofármacos con alcohol, por ejemplo— y los pediatras no tienen claro enseguida cómo tratarlos. El lavado de estómago, en la mayoría de los casos, es el primer paso.

A su vez, los médicos de todos los hospitales llaman al CIAT para saber qué tratamientos indicar. Una guardia de 24 horas —dependiente de la Facultad de Medicina— recibe las consultas y brinda consejos, a la vez que una policlínica de toxicología funciona todos los martes en el Pereira Rossell. Allí se realiza el seguimiento de los casos que ya recibieron el alta médica.

Antonio Pascale, profesor adjunto de Toxicología y encargado de esta policlínica, asegura que las exposiciones a tóxicos en niños representan el 47% de las consultas que recibe el CIAT. También explica que la mayoría de los casos no manifiestan síntomas o son leves, aunque “algunas de ellas son muy graves con dosis bajas”. No es lo mismo envenenarse con soda cáustica, por ejemplo, que con un psicofármaco. Y en esto sí que hay consenso: los cáusticos y los productos de limpieza son los más dañinos de todos.

“En los niños predomina la ingesta —ya sea no intencional o voluntaria— y un factor favorecedor es la disponibilidad de esa sustancia en el domicilio. Los no intencionales son los más prevenibles de todos, porque el tóxico no debería estar al alcance de la mano”, agrega Pascale.

Drogas de abuso.

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Las madres consumidoras de cocaína son un problema. Entre 2010 y 2016, 18 niños menores de cinco años llegaron a las emergencias de todo el país bajo los efectos de esta droga, según un estudio publicado en la revista Archivos de Pediatría del Uruguay en diciembre de 2018. Esta estadística demuestra que al menos tres intoxicaciones por año están relacionadas con cocaína y ocurren sobre todo en lactantes, que la reciben por la leche materna.

Todos los niños intoxicados eran menores de dos años. Los tres casos más severos tenían entre uno y dos meses, y debieron ser internados en la unidad de cuidados intensivos. De acuerdo con el informe, la mayoría sufre afectaciones neurológicas y las convulsiones son los más frecuentes. La cocaína también les genera taquicardia, excitación, hipertensión arterial e irritabilidad, todos síntomas relacionados con su consumo.

Los médicos les preguntaron a las madres entrevistadas si tomaban cocaína. Ocho respondieron que sí y las 10 restantes dijeron que no, aunque cuatro de ellas dieron positivo en el análisis de orina que les hicieron. Una sola dio negativo —le practicaron el estudio cuatro días después del ingreso— y las demás no fueron analizadas, aunque el informe no explica por qué. Al menos 14 de estas 18 mujeres les estaban dando de mamar a sus hijos.

Pero la lactancia no es el único motivo por el que los niños reciben cocaína. El estudio revela que también hubo casos de ingesta no intencional debido a la “conducta mano-boca” de los más chiquitos. A su vez, la inhalación pasiva de humo de cocaínas fumables —como la pasta base— y la transmisión a través de la placenta también resultan perjudiciales. “Los reportes de casos de intoxicación aguda por cocaína en niños generalmente evidencian un contexto de exposición crónica”, señala la investigación.

La directora del Pereira Rossell explica que los bebés que recibieron drogas adentro del útero deben ser tratados enseguida después del parto, porque nacen adictos. Para evitar el síndrome de abstinencia, los médicos les suministran una serie de fármacos para combatir la dependencia y les piden a las madres que eviten la lactancia. Sin embargo, estos niños estarán más predispuestos a las adicciones cuando crezcan.

Otra sustancia frecuente en las emergencias pediátricas es la marihuana. De hecho, un niño por mes acudió al Pereira Rossell entre marzo y junio de 2017 debido a una intoxicación con cannabis, de acuerdo con un estudio publicado en la revista Archivos de Pediatría del Uruguay en noviembre de 2018.

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Al igual que Sofía, la niña del principio de la nota, ninguno de los nombres en este artículo son verdaderos.

Mateo, un varón de 14 meses, llegó a la emergencia pálido y con la mirada fija. “Se constata un paciente lento, en ocasiones desconectado con el medio, con llanto intermitente”, escribieron los médicos. Durante la internación surgió que habitualmente colocaba en su boca las colillas de cigarros de tabaco fumados por los adultos y que su padre era consumidor diario de marihuana.

La madre de Pedro, un niño de dos años, notó que su hijo y su marido tenían tendencia al sueño. Entonces llevó al niño al Pereira Rossell, donde contó que su esposo y su cuñado fumaban cannabis en el patio y dejaban los restos en los ceniceros. También dijo que a su sobrina, de cuatro años, ya le había dado positivo un análisis de orina en el que los médicos buscaban marihuana.

Candela, una bebé de nueve meses, comió unas colillas de cannabis que encontró en el jardín de su casa. Su madre fue con ella a la emergencia, donde la mantuvieron en observación durante un día. Los síntomas más claros eran sueño y decaimiento.

Todos estos niños dieron positivo a los análisis de marihuana. La investigación no aclara qué pasó con ellos, aunque Cristoforone explica que los técnicos del hospital hacen una valoración de la familia. Si los adultos no tienen capacidad de cuidado, una funcionaria del hospital se hace cargo del niño durante la internación y se judicializa el caso.

Fuentes del Instituto del Niño y del Adolescente del Uruguay (INAU) aseguran que la primera opción son otros adultos cercanos que no sean los padres: tíos, abuelos, hasta vecinos muy presentes. Si ninguno está en condiciones de recibirlo y el niño es menor a dos años, probablemente opten por una familia de acogimiento —también conocida como “familia amiga”—, que se encargará de ellos durante el plazo que estipule el juez. Si los padres pierden la patria potestad, suelen ser derivados a centros 24 horas de INAU.

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Y si bien las intoxicaciones por drogas de abuso no son tan frecuentes como las de medicamentos, los médicos plantean una preocupación en la investigación: la legalización del cannabis en Uruguay aumentó la disponibilidad en los hogares, “con el consiguiente riesgo aumentado de exposiciones no intencionales en lactantes y niños”. En otras palabras, la despenalización de la marihuana podría determinar un incremento en las intoxicaciones pediátricas.

Productos domésticos.
Federico, un varón de dos años, llegó en setiembre a la emergencia del Pereira Rossell. Lo llevaron sus padres, muy preocupados, que estaban convencidos de que el niño había tomado el cloro que habían dejado arriba de la mesada de la cocina. Se dieron cuenta porque empezó a vomitar y la jarra con el producto estaba prácticamente vacía. Fernando, su padre, no puede explicar la culpa que sintió en ese momento.

El cloro lo usaban para desinfectar los pisos. Por suerte, Federico estuvo internado tres días y prácticamente no tuvo efectos secundarios, porque enseguida vomitó el producto. Los médicos, según el relato de Fernando, “le revisaron el estómago con una cámara” y descubrieron que estaba sano. Además de llevarlo a los controles periódicos, los padres no volvieron a dejar los artículos de limpieza al alcance del niño.

Alicia Fernández, presidenta de la Sociedad Uruguaya de Pediatría (SUP), considera que los productos de limpieza generan daños graves en bajas cantidades. Por lo tanto, recomienda que los adultos los dejen en los envases originales y no los cambien por botellas de refrescos. “Los niños no saben si hay soda cáustica, querosene o un limpiador de horno”, agrega.

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Hospital Pereira Rossell

La placenta, una membrana permeable para los tóxicos

Que todo lo que consumen las mujeres embarazadas termina repercutiendo en sus hijos parece una obviedad, pero los datos muestran que algunas de ellas ingieren sustancias tóxicas durante la gestación. Una investigación publicada en la revista Archivos de Pediatría del Uruguay, publicada en noviembre de 2018, revela que el 30% de los niños que nacen de madres adictas a la cocaína presentan síndrome de abstinencia. Por otra parte, otro estudio publicado en la misma revista, en diciembre de 2018, muestra que la gran solubilidad de la marihuana favorece su pasaje a través de la placenta, generando efectos sobre el bebé. En estos casos también puede haber síndrome de abstinencia después del parto, aunque más leve. Todas estas sustancias se acumulan durante el embarazo y terminan eliminándose a través del meconio después del nacimiento. Cuando crecen, estos niños son más propensos a las adicciones.

Preguntas frecuentes sobre los tóxicos

¿Cuándo una intoxicación resulta más perjudicial? Las intoxicaciones pueden ser graves en cualquier momento de la vida. No obstante, la directora del hospital pediátrico del Pereira Rossell, Natalia Cristoforone, asegura que cuanto más chiquito sea el niño, más dañinos serán los efectos. De hecho, la investigación de la revista Archivos de Pediatría del Uruguay sobre cocaína revela que los tres bebés que debieron ser internados en cuidados intensivos tenían entre uno y dos meses de vida. Los efectos de la droga en ellos fueron severos.

¿Cómo se puede evitar una intoxicación en los niños? Lo más importante es no dejar nada a su alcance que pueda perjudicarlos, sobre todo durante la primera infancia. Lo mejor es limpiar los ceniceros con frecuencia, no dejar vasos con restos de alcohol y guardar los productos de limpieza en un lugar elevado. Tampoco hay que usar pesticidas en los tratamientos para combatir los piojos. Por otra parte, las investigaciones muestran que los adolescentes pueden consumir fármacos ajenos durante un intento de suicidio, por lo que los especialistas también recomiendan mantenerlos en un lugar reservado. Cada 25 casos de intoxicaciones que llegan al Pereira Rossell por mes, 20 se relacionan con adolescentes de entre 13 y 15 años que intentaron autoeliminarse.

¿Qué hay que hacer cuando el niño ya se intoxicó? La principal recomendación es evitar cualquier solución casera. Alicia Fernández, presidenta de la Sociedad Uruguaya de Pediatría (SUP), cuenta que muchos padres les dan leche a sus hijos después de que consumieron productos de limpieza. “Eso es lo peor que pueden hacer”, sentencia. La leche dificulta la metabolización de los productos, por lo que permanecen más tiempo en el estómago del que habrían estado si no hubieran tomado nada. Tampoco hay que provocarles el vómito, ya que las sustancias pasan dos veces por los órganos y terminan generando un daño doble. La mejor idea es llevar al niño a la emergencia para que reciba el tratamiento de los médicos, un consejo que también sirve para los adultos.

¿Hay una época del año en la que haya más intoxicaciones? Depende de cuál sea el tóxico. La directora del hospital pediátrico del Pereira Rossell, Natalia Cristoforone, dice que en invierno suelen darse más casos de envenenamiento por monóxido de carbono, un gas que desprenden algunos aparatos de calefacción. Por su parte, la presidenta de la Sociedad Uruguaya de Pediatría, Alicia Fernández, considera que en los meses de verano hay más intoxicaciones relacionadas con drogas de abuso y alcohol. “Coincide con las fiestas y con las licencias, cuando los padres suelen distenderse un poco más”, asegura la especialista.

¿Qué síntomas producen las intoxicaciones? Los cáusticos y los productos de limpieza rompen los tejidos, pero un síntoma visible puede ser el vómito. Los psicofármacos pueden generar depresión respiratoria y trastornos de consciencia. Los medicamentos para tratar la hipertensión arterial pueden generar alteraciones cardíacas y bajar la presión. La cocaína contrae las pupilas y genera taquicardia, sudoración y excitación. La marihuana produce somnoliencia y enrojecimiento de los ojos. Cualquier síntoma sospechoso puede consultarse en el Centro de Información y Asesoramiento Toxicológico (CIAT), que tiene una guardia telefónica las 24 horas del día. El número del servicio de emergencia es 1722.

El alcohol en adolescentes, un factor de intoxicación.
En Uruguay, la edad más frecuente de inicio de consumo de alcohol es a los 15 años, según datos del Ministerio de Salud Pública (MSP). En ese sentido, la presidenta de la Sociedad Uruguaya de Pediatría, Alicia Fernández, dice que cada vez más adolescentes llegan a las emergencias con cuadros de intoxicación luego de haber bebido. “El alcohol sigue siendo el consumo que se ve más, a lo que se suma el consumo de otras drogas de abuso, como marihuana o cocaína”, agrega. Fernández también apunta contra las fiestas de electrónica que, si bien suelen ser para mayores de 18 años, “es sabido” que ingresan menores y también consumen drogas de síntesis, como LSD. Por su parte, la directora del hospital pediátrico del Pereira Rossell, Natalia Cristoforone, explica que la mayoría de los adolescentes intoxicados que acuden a la emergencia evidencian una mezcla de sustancias.

El País

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