A pesar de que debería ser un dato de conocimiento público porque se paga con los impuestos de todos los contribuyentes, los salarios de los presidentes no siempre salen a la luz.

Éste no es el caso de Estados Unidos, donde ya se sabe que Joe Biden recibirá un sueldo de 400.000 dólares por cada año al frente de la Casa Blanca, sumado a una asignación para gastos adicionales de US$ 50.000 cada 12 meses, una cuenta de viaje libre de impuestos de 100.000 dólares y otros US$ 19.000 para entretenimiento.

Los 569.000 dólares por todo concepto que el mandatario estadounidense recibe todos los años se encuentran muy lejos del salario promedio US$ 44.564 que un norteamericano cobra por año trabajado.

Pero como si su salario fuera poco, además de esto el jefe de Estado también viaja gratuitamente en la limusina presidencial, el avión Air Force One y el helicóptero Marine One. Y por supuesto también goza de alojamiento gratuito en su lugar de trabajo, la Casa Blanca, y en la residencia de descanso de Camp David, ubicada en el estado de Maryland.

Otro beneficio para quien resulta electo presidente de la principal potencia mundial es que después de dejar el cargo permanece en la nómina del Gobierno, algo que lo hace acreedor a una pensión anual de aproximadamente 200.000 dólares así como también a la cobertura de atención médica y los viajes oficiales pagados.

Si bien un sueldo de US$ 400.000 anuales es suficiente para colocar al mandatario de Estados Unidos dentro del 1% de las personas que más dinero ganan en el país, un exjefe de Estado puede obtener aún más dinero con la publicación de libros y las disertaciones en conferencias.

Clinton, un “adelantado”
Uno de los mejores ejemplos en este sentido ha sido el de Bill Clinton, quien luego de haber dejado su puesto en enero de 2001 ganó más de 75 millones de dólares sólo brindando charlas en diversos tipos de conferencias.

Antes de asumir en enero de 2016 el presidente Donald Trump, cuyo patrimonio neto se estima en alrededor de US$ 3.000 millones, se comprometió a donar todos los salarios que recibiera como Presidente a la caridad. Una promesa que cumplió en parte con las donaciones que realizó al Departamento de Salud y Servicios Humanos por un lado y al Departamento de Transporte por el otro.

Todos los beneficios que reciben los mandatarios estadounidenses harían suponer que el caso de sus esposas es similar, pero nada está más alejado de la realidad que esto. Porque aunque parezca difícil de creer, las primeras damas no reciben ni un solo centavo por el rol que desempeñan luego del triunfo de sus maridos.

Entre 1789 cuando George Washington asumió en su cargo y la actualidad ya hubo un total de cinco aumentos salariales para el presidente norteamericano, y el más reciente fue en 2001, cuando el Congreso duplicó el sueldo del mandatario. George W. H. Bush, quien asumió en Washington ese año, fue el primero en beneficiarse del incremento.

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