Valdés: "Todos los embajadores latinoamericanos vimos juntos el momento en que el segundo avión chocaba contra la torre". Foto: AFP

El diplomático chileno Juan Gabriel Valdés, quien era embajador de su país ante la ONU en Nueva York al momento del atentado contra las Torres Gemelas, sostuvo que tras el 11-S Estados Unidos incorporó al «terrorismo» en el centro de la agenda internacional, «generó una reacción ante el mundo islámico» y una unidad absoluta entre los estadounidenses «para bien y para mal» que se tradujo en expresiones de solidaridad, pero también en un discurso dominante que justificó guerras con «un daño enorme».

El 11 de septiembre de 2001 (11-S), cuando el primer avión impactó contra la Torre Norte del World Trade Center, Valdés estaba en la embajada de Chile, en una reunión con los miembros del Grupo Latinoamericano de la ONU: «Todos los embajadores latinoamericanos vimos juntos el momento en que el segundo avión chocaba contra la torre, todos salieron disparados a hablar con sus capitales. Transformó la vida de mucha gente y cambió la agenda internacional, que debió incluir al terrorismo como un factor central.»

¿Qué políticas considera se convirtieron en incuestionables?
– Juan Gabriel Valdés: Tengo dos anécdotas de ese día que me parecen interesantes porque reflejan el tipo de reacción que existió en EEUU. Ese mismo día me encontré con los conserjes de mi edificio, que eran en su mayoría árabes, y me dijeron: ‘Nuestra vida va a cambiar de manera brutal porque este es un atentado que proviene del Medio Oriente’. Otro dijo: ‘Mis hijos han nacido y crecido aquí pero me temo que viene una represión muy fuerte sobre nosotros’. Dos meses más tarde, el Gobierno de EEUU decidió fichar a todas las personas de Medio Oriente que habían llegado del exterior en los meses anteriores. Se produjo una suerte de reacción ante el mundo islámico que el propio presidente (George W.) Bush se vio obligado a corregir al decir que no era una guerra contra el Islam. Se produjo un fenómeno muy difícil que sigue existiendo hasta el día de hoy y que ha generado en el mundo árabe una reacción muy violenta en contra de EEUU, como resultado de las guerras en Afganistán, Irak y Siria. La segunda anécdota es de cuando un policía me pidió mi identidad, algo que antes no pasaba. Recuerdo que me dijo: ‘Hijo mío nuestra vida va a cambiar mucho en materia de seguridad’. De ahí en adelante todos hemos vivido un nivel de control que se hace cada día más desagradable y más invasivo.

– T.: ¿El atentado definió parte de la idiosincrasia estadounidense?
-J.G.V.: En EEUU la creencia en las conspiraciones es un factor que estaba inscripto en la cultura. También lo vivimos con (Donald) Trump de una manera brutal. Pero entonces nadie entendía bien qué sucedía. Nuestra primera reacción fue condenar un asesinato en masa y solidarizarnos con el pueblo de EEUU, cuyos civiles habían sido atacados cobardemente. Costó determinar dónde estaban los actores y Al Qaeda era muy poco conocido en Estados Unidos, salvo por la agencia de inteligencia que creó una serie de visiones acerca de lo que ocurría en el Medio Oriente y de la relación de Estados Unidos con el mundo que llevó a que mucha gente suscribiera a todo tipo de tesis que no eran verdad. Esto llegó a su máxima expresión cuando EEUU aseguró que un actor principal en el ataque era Sadam Hussein, quien no tenía relación, y lanzó una guerra que le trajo un daño enorme a EEUU hasta el día de hoy y que genera todavía una situación peligrosa en Medio Oriente.

-T.: Pareciera que el atentado unificó la sociedad y al espectro político.
– J.G.V.: El atentado unificó a la sociedad norteamericana para bien y para mal. La solidaridad entre ciudadanos y los testimonios de humanidad que yo viví en esos días fueron admirables. Pero existió una idea de solidaridad y de país atacado, y hubo una serie de errores políticos muy serios, como la construcción de un discurso de lo que había que hacer. A mi juicio EEUU debería haber impedido que (Osama) Ben Laden escapara a Pakistán, en cambio culpó militarmente a Afganistán y se lanzó a una guerra contra Irak. Hubo gente que comenzó a solidarizarse con esta idea, como resultado de lo que había sido la solidaridad inicial con el atentado, y ese sentido de unidad fue utilizado de una forma que condujo a daños mayores, incluso en la prensa norteamericana. Otro factor determinante fue el sentido de vulnerabilidad, que continúa en el mundo entero hasta el día de hoy porque ningún país está libre de la posibilidad de que un grupo terrorista actúe.

– T.: ¿Hubo algún tema en particular que se haya convertido un tabú para Estados Unidos?
– J.G.V.: Es un país con gran libertad de opinión, algunos temas eran incómodos porque iban en contra de la opinión pública, como discusión política sobre la actitud de EEUU. Por ejemplo, cuando Chile se opuso a votar a favor de la resolución del ataque a Irak en el Consejo de Seguridad de la ONU, el estado de ánimo de algunos estadounidenses hacia Chile cambió. La discusión pasaba más sobre los niveles de responsabilidad de los chilenos que sobre la discusión de atacar o no Irak.

– T.: A 20 años del atentado, ¿cuál es la lectura que hace de la relación entre EEUU y Afganistán?
– J.G.V.: Apoyo la idea del presidente (Joe) Biden de pensar que esa guerra sin fin tiene que tener un corte en algún momento y creo que desde el período del presidente Bush la idea de una guerra contra el terrorismo fue pésimamente mal definida. Fue la misma idea de la guerra contra el narcotráfico. Se escamoteó el origen del problema para lanzar guerras que tenían que ver mucho más con su predominio en la zona que con la lucha contra grupos terroristas que actuaban en EEUU, pero también en Europa. La pregunta es si detrás de esto hay una decisión de reducir esta visión de EEUU como policía del mundo que le trae más problemas a EEUU que soluciones al mundo. Pero sí, lo que pasó ahora en Afganistán cierra un ciclo después de 20 años, más allá de las opiniones que uno pueda tener sobre las formas en las que la guerra terminó.

Con información de Télam

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