Los perros pastores continúan integrándose en nuestra cultura productiva ovejera y demuestran su particular eficacia en el control de depredadores. El presente artículo aborda la importancia de esta herramienta en el manejo y protección de nuestras majadas, incorporando aspectos prácticos y la experiencia de INIA junto a los productores y otras instituciones.

Año a año, la producción ovina enfrenta la dura problemática que representa la muerte perinatal de corderos como uno de los factores de mayor incidencia en la disminución de la eficiencia biológica y económica de nuestros sistemas.

Los modernos sistemas de producción de corderos se sustentan en un proceso de intensificación creciente en su base forrajera, en la utilización de biotipos maternales con capacidades de producir y criar muchos corderos y/o en el empleo de razas terminales o “carniceras” que les confieren elevadas velocidades de crecimiento. En su conjunto, estas tecnologías han permitido la aparición de un producto de altísima eficiencia biológica como es el cordero “mamón pesado”, de 35 a 45 kg con solo cuatro meses de vida, determinando ciclos  productivos muy cortos y altísimas tasas de extracción. En estos sistemas la eficiencia productiva está íntimamente relacionada a la cantidad de corderos obtenidos, por tanto, las pérdidas de corderos tienen sobre ellos un impactante efecto.

Sin embargo, la muerte de corderos durante sus primeras horas de vida genera cuantiosas pérdidas en toda la ovinocultura nacional, independientemente de su orientación productiva, escala, ubicación geográfica o grado de extensividad con que se desarrolle.

PÉRDIDAS DE CORDEROS DURANTE LA PARICIÓN.

Numerosos son los factores que, actuando e interactuando en conjunto, inciden sobre la muerte de corderos al nacimiento: condiciones climáticas adversas no controladas, bajas reservas corporales por deficiencias nutricionales de sus madres en la gestación, lactogénesis retardadas que limitan la cantidad de calostro consumido, partos distócicos (mal posicionamiento) y/o muy prolongados que pueden generar encefalopatías graves. Factores a los que debe sumarse la acción cada vez más virulenta de diversos tipos de depredadores.

Todos ellos son determinantes de que una parte importante de los esfuerzos e inversiones que el productor realiza en genética, alimentación y manejo puedan perderse en este momento del ciclo productivo. Los corderos nacidos de partos múltiples presentan un mayor grado de vulnerabilidad ante la acción de todos estos elementos adversos, por tanto, los sistemas más intensivos en los que los mellizos constituyen un objetivo prioritario, deben extremar los esfuerzos en el control de todos estos factores.

En los últimos años han sido muchos los trabajos conducidos a dar soluciones a cada una de estas problemáticas y son claras las recomendaciones en relación con la importancia de la presencia del productor en los períodos de parición (Banchero, G y col. 2005; Ramos, Z. y col. 2014; Gratarola, M. y col 2016, Dutra,. 2005; Ganzábal, A. 2019).

ACCIÓN DE DEPREDADORES DURANTE LA PARICIÓN.

El desarrollo de todas las estrategias culturales conocidas para favorecer la sobrevivencia de los corderos jóvenes puede verse opacada por la presencia cada vez más abundante de depredadores, que encuentran en ellos, presas indefensas y extremadamente vulnerables. Zorros, caranchos, gatos y varios integrantes más de nuestra fauna autóctona, (con los que de todas formas debemos convivir y establecer un nuevo equilibrio natural), generan cuantiosas pérdidas. Jabalíes y perros domésticos pueden hacer estragos sobre nuestros corderos, aunque sabemos, son además depredadores de todo el año, que han diezmado majadas enteras y generado un gran desestimulo en nuestros criadores.

Perros pastores 

PERROS PASTORES.

Desde hace más de una década los perros pastores han ido lenta pero inexorablemente ganando un espacio cada vez más importante en nuestras majadas, integrándose en nuestra cultura productiva y demostrando su particular eficacia en el control de todo tipo de depredadores, desarrollando su protección de una manera amigable con la naturaleza y con el entorno social en el que realizan sus tareas.

Han demostrado ser eficaces durante todo el año, protegiendo a los ovinos adultos y siendo especialmente útiles durante las pariciones con los corderos recién nacidos, amparándolos como si fueran sus propias crías desde el momento de su nacimiento.

Es frecuente recibir relatos de productores que describen como sus Maremmas o Pirineos “esperan pacientemente al pie de una oveja parturienta, son espectadores del alumbramiento, lamen al cordero, ayudan a eliminar las membranas y por sobre todas las cosas con su majestuosa presencia desestimulan la acción de cualquier depredador”. No han faltado testimonios de productores que describen como “sus pastores avisan al productor cuando una oveja está mal caída o tiene dificultades en el parto” y en varias oportunidades como “han acompañado a un cordero ‘guacho’ y solitario hasta que el productor se hace cargo de él”.

PROGRAMA INIA: CONTROL DE DEPREDADORES CON PERROS PASTORES

El programa que INIA ha desarrollado en todo el país, junto con varias instituciones y programas, (MJA, SUL, CLU, Sociedades de Fomento, Anpco, Proyecto Competitividad Intendencia de Florida-ANDE-OPP, Proyecto Regional MJA-ANDE) juntamente con criadores particulares, permite estimar que en la actualidad hay más de mil productores ovejeros utilizando esta herramienta en el Uruguay. Las evaluaciones realizadas por dicho programa establecen que nueve de cada diez cachorros entregados y evaluados han sido exitosos en su tarea de protección, estableciéndose diferentes grados de satisfacción por parte del productor, desde perros de excelente comportamiento a aquellos que ofrecieron algunas dificultades durante las primeras etapas de su formación.

Como resultado de este proceso es posible también concluir que la educación dentro de su primer año de vida (impronta y socialización) puede ser esencial para mejorar su comportamiento, su funcionalidad y por consiguiente el grado de satisfacción de los productores. En general la impronta es una práctica que el productor adopta con naturalidad, sin embargo, es frecuente que se cometan algunos errores que pueden generar dificultades en las etapas posteriores de integración con las ovejas y de relacionamiento con el entorno social en el que el ejemplar va a desempeñar sus tareas de custodia. En cambio, la socialización suele no hacerse, a pesar de que la consideramos una práctica imprescindible cada vez que introducimos por primera vez un cachorro en un rebaño o cada vez que incorporamos ovinos (ovejas o carneros) a un predio que ya tiene un perro pastor trabajando.

PENSANDO EN LA PRÓXIMA PARICIÓN.

El objetivo de este artículo es alertar sobre la conveniencia de comenzar temprano a educar un cachorro de pastor para la próxima parición y que, en ese proceso, se tengan en cuenta algunos aspectos que consideramos de mucha importancia para la obtención de buenos y rápidos resultados.

CÓMO FORMAMOS UN BUEN PASTOR.

Instinto, educación y manejo, son los tres componentes fundamentales para la formación de un muy buen perro pastor. Para que un perro adulto pueda cumplir adecuadamente con sus funciones de custodia, deberá transitar por varias etapas desde el momento de su nacimiento y hasta aproximadamente un año y medio de vida. En este período de tiempo irá forjando su personalidad, su funcionalidad y su adaptación al medio en el que se encuentre, con la paciencia como principal ingrediente para lograr extraer de él la manifestación de sus mejores instintos naturales.

Esto no implica que debamos esperar más de un año para observar los primeros resultados, a las pocas semanas de introducidos los cachorros normalmente ya comienzan a demostrar su utilidad como guardianes de rebaños, pero hasta que lleguen a la madurez, será necesaria la tutoría cotidiana del criador para orientar al animal hacia las formas de conducirse que deseamos de nuestro aliado.

ELECCIÓN DE CACHORRO.

Es muy importante prestar especial atención a los registros genealógicos y funcionales de los padres, ya sea que adquieran un ejemplar en un criadero o que lo obtengan a través de la Red Solidaria de Pastores que el Programa INIA ha estimulado y coordinado desde sus orígenes. Debemos tener la certeza de que ambos padres sean pastores puros: Maremmanos o Pirineos. También están dando excelentes resultados los ejemplares producto del cruzamiento entre estas dos razas. Además, ambos progenitores deben haber demostrado excelente funcionalidad, presentando afinidad por las ovejas y equilibrio en la custodia y no deben estar emparentados entre sí.

A tales efectos pueden consultar la Base de Datos del Programa INIA que actualmente registra casi mil ejemplares de las razas Pastor de Maremmano, Pastor de Pirineo y sus cruzas. Esta base reúne la información de varias generaciones de ascendientes y datos sobre su comportamiento. Se encuentra disponible para todos los productores que la necesiten a la hora de elegir un ejemplar para comenzar a desarrollar esta herramienta (solicitar al correo: aganzabal@inia.org.uy).

EDUCACIÓN DEL CACHORRO.

La educación del cachorro juega un papel esencial en la obtención de un buen pastor. No es posible obtener un buen guardián si partimos de una genética inadecuada, pero es importante tener en cuenta que la mejor genética puede ser arruinada por una mala educación. En primer lugar, es importante comprender que el perro pastor es un perro doméstico, tan doméstico como el que vive en contacto permanente con el productor. Todo perro doméstico (como su antepasado salvaje: el lobo) es integrante de una jauría, en una jauría siempre existe un líder, un macho alfa, que controla y establece las normas de convivencia.

En esta comunidad el individuo alfa debe ser el productor, quien se constituye en el viejo pastor humano que conducía los rebaños, el que establece las reglas, le permite comer, cuándo, cómo y con quién jugar, cuál es su territorio y hasta dónde puede llegar. Las ovejas son sus hermanas, sus compañeras de vida con quienes comparte los espacios y constituyen la comunidad a la que tiene que aprender a defender de sus enemigos.

La educación del cachorro debe comenzar a partir del destete y separación de su camada, lo que puede producirse a partir de los 45 días de nacido. Desde este momento en adelante el cachorro debe pasar por dos instancias que llamamos período de “impronta” y período de “socialización”, ambos imprescindibles para obtener un buen ejemplar.

PERÍODO DE IMPRONTA.

Es el proceso biológico de aprendizaje que tiene lugar en los animales jóvenes durante un corto período de receptividad, del que resulta una forma pautada de reacción frente a un modelo que puede ser de defensa, ataque, convivencia o apareamiento. Durante este proceso las crías se identifican con los adultos de su especie y aprenden de ellos. La reacción a estos estímulos se produce durante un período de la vida del animal conocido con el nombre de “período sensible” y que es una mezcla de instinto y aprendizaje. La impronta se realiza en un corral de 4×4, en el que se encierra al cachorro a partir de los 45 días de nacido, con dos o tres borregas durante cuatro a cinco semanas. Durante este período es de suma importancia:

– No cambiar las borregas; deben permanecer siempre las mismas. Formarán un fuerte vínculo con el cachorro que mantendrán luego en el campo y enseñarán a las otras ovejas a no tenerle miedo.

– No deben acercarse perros no pastores al corral, no deben hacer “amistad” con perros no pastores. Esto evitará que una vez sueltos, los cachorros busquen el entorno social doméstico para jugar con ellos y que, en alguna circunstancia, les permitan hacer daño a las majadas por contemplación a esa amistad.

– Comenzar a enseñarle la única orden que el pastor necesita: El “no”, que se aplicará siempre y a lo largo de toda su vida, como forma de mantenerlo disciplinado y establecer los límites dentro de los cuales pueda desempeñar sus conductas.

PERÍODO DE SOCIALIZACIÓN.

En esta etapa el objetivo es lograr que las ovejas acepten la presencia del perro pastor. También es muy importante favorecer el contacto con todas las ovejas con las que el perro vaya a convivir. Es tanto más complejo cuanto mayor sea el número de ovejas que componen el rebaño y mayor sea la cantidad de lotes que se manejan en el establecimiento. Debe elegirse para comenzar la socialización el grupo más importante para el productor y el más numeroso en cantidad de animales (posiblemente las ovejas de cría) e incorporar gradualmente a los otros lotes entapas más avanzadas del proceso.

– Un rebaño está correctamente socializado cuando el perro corre y ladra entre las ovejas y ellas no alteran su normal comportamiento.

– Lo más recomendable es hacer un corral provisorio, grande, alrededor del corral de impronta y allí encerrar durante varias noches a las ovejas que queremos socializar. Una tarde, se abre definitivamente el corral de impronta y el cachorro comienza a tener estrecho contacto con las ovejas durante toda la noche, las ovejas saldrán en la mañana y el cachorro progresivamente comenzará a recorrer y conocer el campo en el que vivirá.

– La socialización debe hacerse cada vez que se introduce una oveja o un carnero a la majada que nunca haya tenido contacto con pastores.

RED SOLIDARIA DE PASTORES.

Desde los inicios del Programa INIA, se fue creando, estableciendo y coordinando una Red de productores que, con su esfuerzo, dedicación y solidaridad, han permitido a otros criadores con problemas de depredación acceder a cachorros registrados y recibir capacitación para dar respaldo en uno de los problemas más angustiantes de los criadores de ovinos.

Quienes quieran acceder a cachorros a través de esta Red Solidaria y recibir capacitación en el tema, pueden hacerlo contactándose con INIA (aganzabal@inia.org.uy). En pocos meses es posible disponer de una herramienta segura y completa que nos permitirá proteger nuestros corderos, solo se necesita dedicación y paciencia para educar a nuestros nobles aliados.

(*) Artículo del Ing. Agr. Andrés Ganzábal de la Unidad de Comunicación y Transferencia de Tecnología, publicado en la última edición de la revista INIA. Las fotos son de Juan Birriel (portada) y Andrés Gonzábal (interior).

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