Tras la salida de Afganistán, la Administración Biden ha abrazado una era de lucha contra el terrorismo en la que la presencia militar estadounidense no sea la principal baza.

WASHNGTON D.C —
Los 20 años de los ataques perpetrados el 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington, fecha conocida también como el 9/11, están marcados por el abrupto retiro de Estados Unidos y los aliados de Afganistán.

Lecciones aprendidas, nuevos retos en la lucha antiterrorista y preguntas sin responder sobre la aplicación de justicia, subyacen en la mente de los estadounidenses durante las horas previas a las ceremonias en honor a las víctimas del ataque que cambió el devenir de la humanidad.

En 2001 comenzó para EE. UU. y el mundo una nueva era.

Los ataques involucraron a diecinueve hombres afiliados al grupo yihadista al-Qaeda, quienes secuestraron cuatro aviones; dos de ellos chocaron contra las torres del World Trade Center, en Nueva York, y otro impactó contra el Pentágono, a las afueras de Washington. El cuarto avión se estrelló en un campo en el estado de Pensilvania. Los ataques mataron a casi 3.000 personas.

Washington respondió lanzando una invasión en Afganistán para atacar a Al Qaeda y expulsar del poder a los talibanes, que habían albergado al grupo terrorista.

“Bajo mis órdenes, el ejército de Estados Unidos ha comenzado ataques contra los campos de entrenamiento de terroristas de al-Qaeda y las instalaciones militares del régimen talibán en Afganistán”, dijo el entonces presidente George W. Bush, al declarar la guerra.

Sin embargo, desde entonces han pasado ya casi veinte años y la misión llegó a su fin el pasado 31 de agosto de 2021.

“Anoche en Kabul, Estados Unidos terminó con 20 años de guerra en Afganistán, la guerra más larga en la historia de Estados Unidos”, anunció desde la Casa Blanca el mandatario Joe Biden.

Transcurrido el tiempo, Estados Unidos reconfigura su estrategia antiterrorista y, en el terreno, deja una cuenta pendiente con la una filial del Estado Islámico. “Al ISIS-K: no hemos terminado con ustedes todavía”, sentenció Biden.

Mientras Estados Unidos rinde homenaje a las víctimas de los ataques a las Torres Gemelas, voces como la de John Bolton, ex asesor de seguridad nacional del expresidente Donald Trump, advierten que la amenaza persiste.

“Creo que varios países se beneficiarán de nuestra retirada. Deja un agujero en Asia Central y alguien va a llenar ese vacío y no será sólo Pakistán, serán China, Rusia, Irán; y lo peor que temo es por todos los grupos terroristas que tomarán refugio allí nuevamente y amenazarán al mundo y a Estados Unidos”, sentenció Bolton.

El Alto mando militar asegura, sin embargo, que el país tiene la capacidad de contrarrestar la persistente amenaza terrorista, sin el despliegue de tropas, tal como vaticina el general Mark Milley, comandante del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas de EE. UU.

“Durante los últimos 20 años no ha habido un ataque importante a Estados Unidos y, ahora, es nuestra misión asegurar que continuemos nuestros esfuerzos de inteligencia, continuemos nuestros esfuerzos de contraterrorismo, continuemos nuestros esfuerzos militares para proteger al pueblo estadounidense durante los próximos 20 años”, zanjó.

En 20 años el mundo ha aprendido duras lecciones y la lucha antiterrorista también ha dejado numerosos interrogantes sin respuesta, entre ellos, el dilema que plantea, desde la perspectiva de los derechos humanos, el trato y las condiciones de reclusión de los perpetradores de ataques como los del 11-S.

Todavía Washington sigue debatiendo si mantiene o cierra de manera permanente, la prisión donde se les impartió justicia, ubicada en la base naval estadounidense en Guantánamo, Cuba. Por el momento, esta misma semana, se reinició allí el juicio a cinco de los presuntos autores de unos atentados que hace casi veinte años cambiaron el mundo para siempre.

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