La espiral de violencia y ajuste de cuentas que azota a la ciudad de Salto sumó este fin de semana un nuevo y oscuro capítulo. Durante la madrugada de este domingo, dos jóvenes resultaron gravemente apuñalados en episodios sangrientos ocurridos a pocas horas de diferencia en distintos puntos de la capital departamental. En medio de un clima de marcado hermetismo y temor a represalias, ambas víctimas optaron por acogerse al pacto de silencio, negándose a realizar la denuncia penal correspondiente ante las autoridades policiales.
El primer hecho de sangre se registró en las primeras horas de la madrugada, próximo a la 1:00. Un joven de 24 años se presentó en la emergencia del centro asistencial salteño visiblemente herido y acompañado por su madre. Según las escuetas manifestaciones que brindó al personal policial de retén, el ataque ocurrió en las inmediaciones del barrio Cerro. La víctima alegó «desconocer» la identidad del agresor que le clavó el arma blanca y manifestó de forma tajante su negativa a que la Policía tome intervención en el asunto.
Abundante sangrado en la comisaría y la sospecha del ajuste
Apenas tres horas más tarde, sobre las 4:00 de la mañana, la escena violenta se trasladó a las puertas de la Seccional 3.ª. Hasta allí llegó caminando un joven de 26 años en estado dramático, con abundante sangrado en la zona abdominal y entre las extremidades inferiores producto de múltiples cortes con arma blanca. Al igual que el agredido anterior, el muchacho se negó a aportar detalles de la agresión, dijo no saber quién lo hincó y rechazó iniciar acciones legales.
Dada la profusión de las hemorragias y la gravedad evidente del cuadro, los efectivos policiales debieron trasladarlo de urgencia en la caja de un patrullero hacia el mismo Hospital Regional Salto. El herido ingresó consciente al área de urgencias, donde quedó internado bajo estricta observación médica debido a la severidad de los puntazos recibidos.
Ajuste de cuentas, miedo a represalias y la impunidad en el interior
Los dos episodios vuelven a poner en evidencia una modalidad delictiva que se consolida en las zonas periféricas del interior uruguayo: la justicia por mano propia y el silencio impuesto por las bandas de barrio. La sistemática negativa a colaborar con las autoridades por parte de víctimas jóvenes heridas por armas blancas no responde a la ignorancia sobre sus agresores, sino al arraigado código de la calle donde las denuncias se pagan con la vida y las cuentas se saldan en la oscuridad de los pasajes.
El desinterés o el miedo de los agredidos condiciona severamente la actuación de la Fiscalía y de la Dirección de Investigaciones de la Jefatura de Policía de Salto, que de todas formas iniciaron actuaciones de oficio para procurar esclarecer si existieron cruces de bandas rivales o disputas vinculadas al microtráfico en la zona.
Una policía atada de manos y una sociedad bajo zozobra
El permanente ingreso de personas apuñaladas a las emergencias médicas sin que exista posteriormente un castigo para los responsables alimenta un círculo vicioso de impunidad. Mientras las unidades de investigación buscan rastrear las imágenes de las cámaras de videovigilancia en el barrio Cerro y en las inmediaciones de la Seccional 3.ª, la ciudadanía salteña asiste con preocupación al avance de una delincuencia violenta que no le teme a la Policía ni a la Justicia.






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