El pasado 26 de agosto de 2026, se conoció la historia de Ruben Correa, un salteño que desde hace más de diez años se dedica a la crianza, cuidado y entrenamiento de palomas mensajeras en el departamento de Salto. Su labor forma parte de la colombofilia, una práctica deportiva con más de 100 años de trayectoria en Uruguay que reúne a aficionados dedicados a preparar aves para recorrer cientos de kilómetros hasta regresar a sus palomares.
Cuidado, entrenamiento y el regreso al palomar
En su residencia de Salto, Ruben Correa atiende a un plantel de 40 palomas mensajeras (Columba livia domestica), a las que alimenta, medica y ejercita para las competencias. Según explicó el criador, estas aves han sido trasladadas a puntos lejanos como el departamento de Rocha para ser liberadas, logrando retornar a su palomar en un lapso aproximado de ocho horas tras volar cientos de kilómetros.
La disciplina, denominada colombofilia, consiste en trasladar a las aves hasta un punto de suelta determinado para que encuentren el camino de regreso por sus propios medios. Para registrar el rendimiento y establecer las clasificaciones individuales o por equipos, los colombófilos utilizan relojes especiales que miden el tiempo exacto de vuelo desde la liberación hasta la llegada.

Diferencias entre la paloma urbana y la mensajera
A diferencia de las palomas comunes que habitan en las ciudades, las mensajeras pertenecen a líneas domésticas seleccionadas durante generaciones por su orientación y capacidad de retorno. Correa señaló que una paloma casera adaptada al entorno urbano no regresa si se la traslada a 10 o 20 kilómetros de distancia, mientras que las de carrera son preparadas durante años con rutinas de descanso, ejercicio y alimentación balanceada.
A pesar de las investigaciones sobre el magnetismo terrestre, la posición del sol y el instinto animal, el mecanismo exacto que guía a estas aves a través de largas distancias sigue siendo objeto de estudio.
La historia de la colombofilia en Salto y Uruguay
El vínculo de Correa con los animales comenzó durante su infancia por influencia de su abuelo, aunque inicialmente se dedicó durante una década a la crianza de gallinas de exposición. Su contacto con las palomas mensajeras se inició a través de un compañero de trabajo, lo que lo llevó a integrarse a la Sociedad Colombófila Salteña alrededor del año 2014.
En 2015, el criador inició sus participaciones competitivas con un grupo inicial de cinco palomas. Aunque en Uruguay no existe un mercado comercial de compraventa de ejemplares como en otras partes del mundo, la actividad mantiene una red de agrupaciones y aficionados en el territorio nacional.






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