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Ola de rapiñas sacude a Salto con asaltos a mano armada

Varias denuncias violentas conmocionan a distintos barrios salteños mientras la Policía despliega operativos sin detenidos.

Móvil de la Jefatura de Policía de Salto desplegado tras la violenta rapiña en el comercio.
Un delincuente armado irrumpió en el local de Salto y huyó con $10.000 en efectivo.

La tranquilidad de la ciudad de Salto se vio drásticamente alterada en las últimas horas tras registrarse un raid delictivo que incluyó múltiples rapiñas a mano armada en diversos barrios. La seguidilla de hechos de violencia, que abarcó desde el uso de armas largas hasta ataques en banda con machetes, encendió las alarmas de las autoridades policiales y de los vecinos, que observan con creciente preocupación el nivel de agresividad desplegado por los delincuentes en las calles salteñas.

El primer episodio violento se desató sobre las 19:30 horas del lunes en las inmediaciones de la avenida Julio Delgado y la calle Unión. Un delincuente irrumpió en un comercio de la zona portando un arma larga, descrita por los testigos como un rifle o escopeta. Mediante severas amenazas de muerte hacia los presentes, el asaltante logró apoderarse de la recaudación del día, estimada en unos 6.000 pesos uruguayos, para luego darse a la fuga. Si bien no se registraron personas lesionadas, el personal policial que acudió al lugar no logró dar con el paradero del sospechoso.

Apenas unas horas más tarde, cerca de las 22:00, la violencia criminal volvió a golpear, esta vez en el barrio Ceibal. Un joven repartidor de 23 años fue emboscado en la calle 12 al 900, en el barrio Don Atilio, mientras buscaba una dirección para entregar un pedido. Al detener la marcha de su motocicleta Baccio P 125cc, fue rodeado de forma imprevista por cuatro sujetos armados con pistolas y machetes, quienes lo despojaron de su vehículo bajo violentas amenazas antes de huir hacia las calles Misiones y Entre Ríos.

La seguidilla delictiva no dio tregua durante la madrugada del martes. Próximo a las 02:45 horas, los efectivos policiales debieron trasladarse hasta un complejo de viviendas ubicado en Lorenzo Latorre y Tomás Gomensoro, en el barrio Uruguay. En esta oportunidad, la víctima fue un sereno de 28 años que realizaba sus tareas de vigilancia. Al salir al cruce de un motociclista que ingresaba al predio, el trabajador fue sorprendido por un segundo delincuente que se encontraba oculto detrás de un contenedor de basura para concretar el robo.

El incremento de la criminalidad violenta en ciudades del interior del país no constituye un hecho aislado en la dinámica delictiva uruguaya. Durante las últimas décadas, los departamentos del norte y litoral del país han experimentado transformaciones en los patrones de seguridad, transitando de hurtos menores a rapiñas ejecutadas con despliegue de armas de fuego y logística organizada. La consolidación de bandas juveniles y la proliferación de armas del mercado negro aceleraron este deterioro en las comunidades locales.

A nivel de la región latinoamericana, los centros urbanos intermedios enfrentan desafíos similares vinculados a la presión del crimen organizado y la delincuencia común. La proliferación de armas de fuego, sumada a la vulnerabilidad socioeconómica de los repartidores de plataformas y trabajadores nocturnos, sitúa a estos colectivos en una posición de extrema fragilidad. El fenómeno de las emboscadas a deliveries mediante direcciones falsas es un modus operandi que se ha multiplicado en varias ciudades del Cono Sur.

Representantes de los sindicatos de trabajadores de la logística y la seguridad privada han manifestado reiteradamente su alarma frente a la indefensión que padecen durante la jornada laboral. Expertos en seguridad pública remarcan que la respuesta policial no debe limitarse únicamente al patrullaje preventivo posterior a los hechos, sino que requiere inteligencia táctica, patrullaje dinámico en zonas críticas y un control estricto sobre el tráfico ilegal de armas cortas y largas en la frontera norte.

Las fiscalías de turno y la Jefatura de Policía de Salto trabajan intensamente en el relevamiento de cámaras de videovigilancia públicas y privadas, así como en la toma de testimonios para identificar a los responsables de esta ola delictiva. La comunidad salteña aguarda respuestas concretas que devuelvan la tranquilidad a los barrios, mientras las fuerzas de seguridad refuerzan la presencia en los puntos más calientes de la ciudad para evitar nuevos episodios de violencia.

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