La indignación en el departamento ya sobrepasó cualquier límite aceptable tras la vergonzosa postura que tomaron las autoridades mutuales. El manejo del Centro Médico de Salto ante un caso de extrema gravedad asistencial dejó al desnudo el cinismo con el que la institución tapa los trapos sucios de su personal. Sacaron una nota oficial cargada de palabrerío formal, palmadas en la espalda a los periodistas y un desprecio absoluto por la seguridad de la gente que va a atenderse.
Lo que pasó el domingo en el sanatorio Salto generó un rechazo enorme en toda la ciudad. Una paciente entró con un dolor de pecho fulminante, encarando un posible infarto donde cada segundo contaba. Cuando el doctor Yoel Rojas cayó a revisarla, la propia paciente y los compañeros de trabajo notaron al toque que el tipo no se podía sostener del alcohol que tenía arriba. Sin embargo, en lugar de salir a aclarar las cosas con la firmeza que el caso exige, la directiva prefirió armar un texto que es un verdadero mamarracho.
La indignante postura del Centro Médico de Salto
Un texto armado para lavarse las manos de manera impune
El documento que firmaron la Dirección Técnica Médica y el Consejo Directivo del Centro Médico de Salto intenta vender una imagen de control que no se la cree nadie. Pusieron en el papel que actuaron de forma «inmediata» y bajo «buenas prácticas de calidad», pero no dijeron una sola palabra sobre lo que ocurrió adentro de esa sala de emergencia. ¿Le hicieron la espirometría al médico cuando lo engancharon? ¿Le dio positivo el control? ¿Qué número marcó la pipeta? Nada. Ocultaron todos los datos clave para zafar del bardo mediático y proteger la imagen de la empresa.
El secreto de datos como la excusa perfecta para la impunidad
Da bronca ver cómo la mutualista usa las leyes a su conveniencia para armar un cerco protector. En el comunicado metieron la excusa de que no van a dar detalles porque la normativa de protección de datos personales se lo impide. Esa muletilla legal no es respeto por el usuario, es la típica jugada del corporativismo médico para que nadie meta la nariz en los líos de la salud en Salto. Cuando un tipo se presenta en esas condiciones a atender a una persona grave, el derecho de la gente a saber en manos de quién pone su vida está mil veces por encima del secreto de cualquier funcionario.
El caradurismo de pedirle la confianza a los socios
Por si fuera poco, los directivos tuvieron el descaro de escribir que mantener la confianza en la salud es una «responsabilidad compartida» con los medios de comunicación. Quieren marcarle la cancha al periodismo para que se calle la boca mientras ellos esconden la mugre abajo de la alfombra. La confianza no se pide con comunicados amables ni con censura velada; se gana echando a los irresponsables, haciendo los controles que corresponden y hablándole de frente a la comunidad salteña.
La diferencia entre el trato al médico y la desprotección al usuario
Mientras la cúpula de la mutualista gasta horas en redactar notas para salvar su prestigio, el socio de a pie queda tirado a su suerte. Si un usuario llega a protestar con un poco de vehemencia en mostrador, le caen con todo el peso del reglamento y hasta le firman la exclusión; pero si un médico cae a trabajar como un médico ebrio, el sistema se mueve rapidísimo para tapar todo, tirarle una manta protectora y hacer de cuenta que acá no pasó nada.

El oscuro historial que el mutualismo intenta ocultar
La denuncia contra un médico que fue minimizada por la directiva
Lo que pasó en la guardia no es un descuido aislado que se pueda resolver tirando tres párrafos diplomáticos a la prensa. La denuncia contra un médico por llegar mamado a un llamado de urgencia deja al descubierto una cadena de mando totalmente rota adentro del centro asistencial. ¿Cómo puede ser que un profesional camine por los pasillos y entre a la habitación de un paciente en ese estado sin que ningún jefe de guardia o supervisor lo frene de entrada? La falta de controles a la hora de tomar el turno es alarmante y nadie se hace cargo.
Antecedentes en la Justicia que la institución decidió ignorar
A la grave acusación médica se le suma un dato judicial que deja pegado al Centro Médico de Salto. Documentos de la sede judicial de cuarto turno confirmaron que en 2022 el doctor Yoel Rojas fue condenado por la Justicia por manejar un auto totalmente ebrio, teniéndole que imponer trabajo comunitario. Frente a esto salta la pregunta del millón: ¿en la mutualista sabían que el tipo tenía ese antecedente por alcohol al momento de contratarlo y darle guardias de urgencia? Si lo sabían, son responsables por omisión; si no lo sabían, demuestra que para entrar a trabajar ahí no piden ni los antecedentes más básicos.
Las medidas de protección que pesan sobre el profesional
Por si faltaba algo en este culebrón, el profesional también acumula resoluciones judiciales por temas de violencia, con prohibición de acercamiento y prórrogas firmadas por el juez. El perfil del médico que la mutualista puso al frente de una emergencia está lejísimo de lo que se precisa para atender casos delicados. La gente de Salto tiene todo el derecho de estar indignada y exigir que revisen urgente a quiénes le están pagando el sueldo con la cuota social.
El hábito de defender el error entre pares
En el ambiente de la medicina privada uruguaya existe una mala costumbre que ya cansa: la casta médica se abroquela cuando las papas queman. Ante cualquier macana grave, el primer reflejo de los directivos es salir a negar, amenazar en voz baja a los que hablan y esconderse detrás de los estatutos. Se cuidan entre ellos, se tapan las faltas y dejan al paciente expuesto a que le vuelva a pasar lo mismo en la siguiente guardia.
La pasividad de las autoridades y el desamparo de la gente
¿Cuándo va a intervenir de oficio el Ministerio de Salud Pública?
Este papelón institucional exige que el Ministerio de Salud Pública meta el gancho de una buena vez y deje de mirar para otro lado. Las autoridades sanitarias del gobierno no pueden seguir de brazos cruzados mientras las mutualistas del interior hacen lo que quieren. Tienen que mandar una auditoría médica ya mismo para incautar los libros de guardia, tomarle declaración a las enfermeras que estuvieron esa noche y verificar si existió esa prueba de alcoholemia con 1,15 de alcohol que varios afirman que se intentó cajonear.
La peligrosa señal de dejar el caso en la nada
Aceptar que este escándalo se tape con un comunicado lleno de casete es mandar una señal nefasto a toda la sociedad salteña. Es decirle al vecino que cuando vaya corriendo al sanatorio con un familiar sufriendo del corazón, va a tener que rezar para que el médico de turno no venga de caravana, sabiendo además que si pasa algo raro, la empresa se va a encargar de blindar al doctor y cerrarle la puerta en la cara a la familia.
La urgencia de que caigan las cabezas responsables
Salto no puede conformarse con este insulto a la inteligencia. Tienen que rodar cabezas en la Dirección Técnica y la Junta Directiva tiene que dar explicaciones de verdad, sin casetes ni abogados de por medio. Quienes manejan la mutualista demostraron que les importa mil veces más cuidar la imagen corporativa y la chapa de sus allegados que garantizarle una atención limpia, sobria y humana a la gente que les mantiene el negocio mes a mes.
La gente tiene que hacerse escuchar
Las instituciones de salud existen por los enfermos y los socios, no para servir de refugio a irresponsables ni para apañar negligencias médicas. El comunicado del sanatorio salteño fue la gota que derramó el vaso. La paciencia de la población se terminó y el silencio complaciente no puede ser nunca más la respuesta cuando lo que está en juego en una camilla es la vida de un salteño.






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