AQUÍ LA LLAMADA TELEFONICA A LA DRA. LEON
Hay silencios que incomodan y hay silencios que matan. En la salud pública de Salto hace rato que se escucha el segundo tipo.
Una mujer de 39 años, vecina nuestra, entró de madrugada al hospital con un cuadro renal delicado. De esos que no admiten distracciones. Buscaba lo que busca cualquiera que cruza esa puerta: que alguien la mire, la controle, la cuide. Horas después estaba muerta en una cama de medicina de mujeres, y según pudo establecer este medio, nadie lo notó hasta la mañana siguiente.
Lo repetimos porque cuesta creerlo. Quien dio la alarma no fue un médico, ni una enfermera, ni un supervisor. Fue el trabajador que reparte el desayuno en las salas. Entró, la miró, vio que estaba fría y rígida, y salió a avisar. Un hombre ajeno al acto médico, que hizo en dos segundos lo que nadie había hecho en toda la noche.
Pensemos un momento en esa noche. Una paciente con una enfermedad grave, en una sala común, sin un control de signos vitales. Sin una vuelta de enfermería, según las fuentes consultadas. Nadie le tomó la presión, nadie se acercó a ver si respiraba, nadie le preguntó si necesitaba algo. Se fue apagando en una cama del hospital público, rodeada de paredes y de personal que, por lo que sabemos, no estaba mirando.
Lo que dice, y lo que no dice, la historia clínica
Cuando el Fondo Nacional de Recursos reclamó desde Montevideo la historia clínica, algo lógico tratándose de una paciente en tratamiento especializado que el Estado financia, el hospital tuvo que armarla y entregarla. Según pudo saber este medio, lo que apareció fue casi nada: sin folios de seguimiento, sin registro de controles, sin partes de enfermería. Apenas unas anotaciones del médico de guardia, difíciles de interpretar y que no aclaran lo esencial.
Una historia clínica en blanco no es un detalle administrativo. Es la prueba de lo que no se hizo. Si esa noche se hubiera controlado a la paciente, habría papel que lo dijera. Que no lo haya es, en sí mismo, una respuesta.
El médico de guardia
La guardia de esa noche estaba a cargo del doctor Joel Rojas. Según pudo establecer este medio, Rojas no avisó a la nefróloga tratante de la paciente, la doctora León, que ingresó a su servicio. Es decir, la especialista que conocía su historial y que sabía qué hacer no se enteró de que su paciente estaba internada y en riesgo.
Hay además un antecedente que Salto conoce: Rojas dejó el Centro Médico de Salto en medio de episodios vinculados al consumo de alcohol, según supo este medio. No afirmamos cómo estaba esa noche, porque eso es algo que le corresponde determinar a la investigación. Lo que sí preguntamos, y nos parece una pregunta legítima, es cómo es posible que un profesional con ese antecedente estuviera cubriendo guardias de urgencia en el hospital público. ¿Alguien revisó su trayectoria antes de ponerlo ahí? ¿Alguien la conocía y decidió mirar para otro lado? Las dos respuestas son graves.
La enfermería
La responsabilidad de velar por los pacientes de esa sala recaía en el personal de enfermería de turno. Según pudimos establecer, no hubo registro de ningún control. No sabemos aún cuántos funcionarios había esa noche, ni cuál era la carga de trabajo, ni si faltaba personal. Todo eso importa, porque en muchos casos el problema no es una persona sino un sistema que deja a una sola persona a cargo de demasiado. Pero que se investigue no quiere decir que se justifique. Alguien tenía que mirar a esa mujer, y nadie lo hizo.
La nefróloga
Este medio dialogó con la doctora León, la nefróloga tratante. Esperábamos una mirada crítica, o al menos incómoda. Lo que encontramos fue una defensa de la actuación de sus colegas, con la idea de que los procedimientos se habían cumplido. Cuesta conciliar esa versión con una paciente que muere sin controles y es descubierta por el repartidor.
Hubo además un dato que circuló con fuerza: que la doctora, molesta por no haber sido avisada, iba a radicar una denuncia penal. Con el correr de las horas, según supimos, esa denuncia no se presentará. Es su derecho y no es una obligación. Pero la sensación en los pasillos, y la que se instala en la calle, es que cuando el problema está dentro de la corporación, se resuelve puertas adentro. Ojalá nos equivoquemos. Los hechos hablarán en ese sentido.
Lo que se mueve afuera
Si adentro hay silencio, afuera se mueve. El diputado salteño Horacio de Brum presentó un pedido de informes para que el hospital y las autoridades expliquen qué pasó esa noche. Es el tipo de herramienta que no hace ruido pero obliga a responder por escrito, y eso es justo lo que hoy más incomoda. Esperamos que no se quede en un trámite.
Y está la Justicia, que tiene los instrumentos que los demás no tenemos: citar, pedir documentos, tomar declaración bajo juramento, reconstruir la noche minuto a minuto. Si el hospital no puede explicar lo que pasó, tendrá que hacerlo ante un juez.
Lo que esto dice de todos nosotros
Sería cómodo tratar este caso como un accidente. Un mal turno, un error, una noche de mala suerte. Pero un error es que una cosa salga mal. Acá lo que parece haber fallado es todo lo que debía funcionar alrededor: el control, el registro, el aviso, la supervisión. Cuando falla todo a la vez, ya no es un error, es una forma de trabajar.
Y esa forma de trabajar se sostiene en algo muy uruguayo: la idea de que “no pasó nada” mientras nadie meta ruido. Que el tiempo ayuda, que la prensa se cansa, que la gente se olvida. Que un sumario y un traslado alcanzan para dar vuelta la página.
No alcanzan. Una mujer murió, tenía 39 años, tenía una familia. Había quien la esperaba. Esa gente merece una explicación que no sea un comunicado de tres líneas.
Lo que preguntamos
A la dirección del hospital: ¿cuántos funcionarios había esa noche en esa sala? ¿Quién estaba a cargo de los controles? ¿Por qué no hay registros? ¿Quién autorizó que el médico de guardia cubriera ese turno y qué verificaciones se hicieron antes?
A las autoridades de la salud pública: ¿qué mecanismos existen para que un paciente grave no pase una noche entera sin que nadie lo vea? ¿Y qué va a pasar con los responsables, sean quienes sean, cuando la investigación termine?
Y a todos los que hoy prefieren que esto se enfríe: ¿van a poder mirar a esa familia a los ojos?
Nosotros vamos a seguir con el tema. No por morbo ni por oportunismo, sino porque la próxima cama vacía, la próxima noche sin controles, la próxima historia clínica en blanco puede ser la de cualquiera de nosotros. Y cuando eso pasa, uno quiere que alguien haya hecho ruido antes.
Por eso lo hacemos. Y no vamos a parar.






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